Epistula non erubescit

(“Una carta no se ruboriza”. Cicerón, Epístolas a los familiares)

Decía aquel joven que cada vez que a ella la veía venir, escuchaba el susurro de un colibrí y el canto de un ángel. Ella, tan mágica para él, una musa de flores y hueso, inspiraba los más regios versos que aquel ser transitorio podía pronunciar. Le dedicaba sus noches enteras, con los ojos abiertos y así también cerrados… y cuando no podía dormir, le escribía cartas, que nunca le entregaba. Las guardaba receloso, como si fuera un severo pecado tal situación. Algún día se lo diría… sí, algún día se las daría, todas y cada una y por fin podría confesarlo, ese amor, esa pasión, una que le ardía en el pecho, presionando y presionando.

“Mi venus, mi inspiración, has hechizado todo lo que soy, cada partícula de mi ser, con toda la fuerza de los mares y toda la afición que se puede tener por alguien más. Tu alma ha colindado con la mía, nos hemos encontrado hoy otra vez, y cada vez que te vuelvo a ver, solo puedo sentir cómo nos correspondemos, y esa fuerza tan ajena a mí que me hala hacia tu presencia, ¡calamita de mi deseo fervoroso!, ese que no sé cómo expresar. Late este corazón al ritmo del tuyo.

Empiezo con un “hola” y luego solo te veo, te sigo viendo, te vuelvo a ver, apreciando cada rasgo tan único de tu rostro. Lo hago sin pensar, solo… esos ojos oscuros y brillantes, ese cabello negro imperfecto, tan perfecto; esos labios que incitan a conocer el sabor del color carmesí; giras tu mirada hacia mí y me liquidas con una sonrisa, luego una pequeña risa sale de tu boca, yo intento atraparla en el aire. Todo esto quizá lo expresarán mis ojos, en la pasión que rebosa ahí, porque este amor tan triste y casi patético te lo expreso con otros gestos… La esperanza se presenta de cuando en cuando, porque puedo sentir otro imán halándote hacia mí. 

Tu espíritu es el adecuado, uno que solo siente, uno que vive a colores, ¡que tu luz se una a la mía, por favor!, y el día que finalmente me sincere, me puedas pertenecer del mismo modo que yo ya te pertenezco a ti… desde antes que incluso yo lo supiera”.

Reticente

Habéis compartido un poco de vuestro escepticismo romántico con mi ser, esa ambigüedad tan vil que me quita el sueño. Tan frío y seco, como una noche de soledad en un bar. Sentir sin sentir en verdad, sin expectativas y sin anhelos. Muerto; muerta, mi ilusión, mi pasión, vuestra presencia convertida en un vacío, una especie de agujero negro que ha enjugado mis lágrimas, una a una como las gotas del rocío evaporadas por el sol de la mañana…

Cierro mis ojos mientras las alas de la oscuridad de media noche me arropan, tratando olvidar ese silencio sepulcral del corazón en añicos. Punzante, sin pulso, totalmente inerte, pero aun siendo capaz de romper la piel de mi costado.

Sangrando vida, alma ensangrentada… hubo perdido brillo aquella tarde negra, deambulando sin rumbo hacia la perdición del inocente romance. Sin detenerse, sin vacilar. Dejó de percibir la calidez de los cuerpos. Dejó de percibirse a sí misma.

Custodiada la ilusa esperanza del encuentro fugaz, ese que nunca ocurriría de nuevo, me senté a la orilla del abismo, sabiendo que nada transitaría a detenerme. Porque nada transitará nunca más.

Egomanía

Aún no maduro, o no siento que esté madurando, aún me siento como el mismo jocote verde en la copa de su árbol, y que nadie alcanza, pero que tampoco se quieren comer. Sigo siendo insegura, tonta, y me quejo por todo. En fin, soy un amor de persona.

Desde que entré a la adolescencia no he sentido más que inseguridad por mi apariencia física, por como luzco y hasta por cómo sonrío. Aún más en estos dorados tiempos, en los que las redes sociales están cundidas de personas con huecos cerebrales, superficiales y banales, que lo único que hacen es compartir fotos de chicas perfectas, blancas, fit o delgadas, con unos ojos grandes y claros, de pestañas largas y vueltas, de cabello perfecto, maquillaje maravilloso, y todo en ellas es así: perfecto. No se admiten las mujeres de curvas cuestionables, con atributos pequeños, de perfiles poco atractivos, que luzcan… quizá la palabra que busco es ‘diferentes’. Sí, diferentes a lo que están acostumbrados a ver, a lo que les parece bello y perfecto. Al parecer esa es una palabra peligrosa y aterradora… Porque si no tiene senos grandes o unas posaderas voluminosas hay que hacerle cyberbullying y convertirlo en una imagen viral, absurda y sin sentido en la que se le hace burla a una mujer por ser plana como planchador. Su crueldad es grande, y lo es aún más porque incluso mujeres se ríen de estas situaciones. Hablo de este caso en particular, porque no se menciona mucho, y no se le da mucha importancia porque al fin ‘eso es de delgadas’. Pero no necesariamente. Todos los cuerpos son distintos.

Se han lanzado varios videos, que se han vuelto virales, y muestran a mujeres a las que se les pregunta qué cambiarían de sus cuerpos y por qué. Qué es lo que no les gusta de sus cuerpos, y qué es lo que sí les gusta, pero cuando les preguntan lo segundo no saben qué responder. Estas campañas buscan enseñarnos que todas las mujeres sufrimos inseguridades de este tipo, y que hay que olvidarnos de todo esto y ser felices con nuestro cuerpo, porque somos hermosas, etc. y ya al final nos dicen que compremos su producto. Hmm.

Si a mí me preguntaran si hay algo de mi cuerpo que no me gusta, les diría que sí, hay muchas cosas que no me gustan, y sinceramente no podría mencionar al instante algo que sí me guste. Si me preguntaran qué parte de mi cuerpo cambiaría, les diría que ninguna. ¿Por qué? Simple, porque aunque yo no me siento segura con mi cuerpo y mi cara, esta es la herencia genética de mis padres, ellos me hicieron tal cual, Dios me ama tal cual, ellos ven belleza en mí, y eso debería bastarme. Si yo hoy decidiera cambiar algo, dejaría de ser yo, y pasaría a ser más ‘aceptada’ por una sociedad que me dice cómo debo ser. Dejaría de tener los defectos que tengo y todo eso que me hace ser quien soy, lo que me identifica y lo que me diferencia. No quiero ser hermosa como las chicas que veo constantemente por todos los medios, aunque me bombardeen día y noche. No quiero parecer ‘perfecta’ porque eso trae un costo, y si yo luzco como luzco, por algo será. Si yo hoy pudiera cambiar algo, no me cambiaría nada, porque eso podría significar incluso que si ya no me parezco a mis padres, sería adoptada, o que mis padres también serían otros o tendrían otro aspecto físico, y a mí me gusta cómo son mis papás. No lo sé, tal vez pienso demasiado, pero lo que digo no deja de tener sentido.

Si hoy pudiera cambiar algo, cambiaría la idea de la mujer perfecta y hermosa que la sociedad tiene, y que en algún momento se implantó como la más asquerosa de las epidemias visuales. ¿Quién decidió cómo debe lucir una mujer para ser atractiva? ¿En qué momento lo decidió? La idea es tan irreal que es irónico que sea siquiera un deseo latente de alcanzar por muchas mujeres. Porque no se basa en ninguna, en nada que alguien pueda alcanzar sin hacer mil sacrificios. No digo que no existan mujeres hermosas, porque sí las hay, pero la mayoría no entra en esa categoría, y por eso es que muchas le hacen guerra a los medios en la actualidad. Las cualidades están, pero esparcidas, no hay una mujer que las tenga todas, y si las consigue, es por otros medios. Y todo esto nos ha ido afectando de muchas formas. Mi autoestima lo ha sufrido grandemente.

Desde pequeña tienes esa idea de que cuando seas grande, vas a ser así, bonita, curvilínea, etc. Luego cuando entras a la adolescencia las inseguridades empiezan a hacer mella, ves como tus amigas desarrollan una cualidades que a ti hasta la fecha no has visto aparecer, y cuando llegas a los 21, sigues igual, la única diferencia es que tus caderas se ensancharon un poco y con suerte. Sigues pareciendo niña, y tus esperanzas desvanecen. Ni siquiera eres tan delgada como para compensar otras pequeñeces, pero es lo que te toca. Todo estaría bien, si no fuera porque los hombres y las mismas mujeres te fortalecen esos miedos, al darte cuenta que nadie muestra interés por ti, que no luces como las demás, y eso obviamente significará que tus posibilidades de atracción se limitarán al “es simpática”, porque a nadie le gustan las planas, o anchas, las de facciones simples. Todos buscan a la mujer despampanante que levante miradas y envidia de terceros, o a la mujer petit, fina y delicada, que sigue siendo bellísima, no se puede algo diferente… El problema no es la chica imperfecta, es la imagen de la perfección y la belleza femenina las que están mal.

¿Creo que soy bonita? No. Pero me dicen que lo soy, algo de cierto debe haber, así que puedo decir incrédulamente que soy bonita. ¿Creo que soy fea? A lo mejor. Ya me lo han dicho en la calle, y si pasa una chica delante de mí en la acera, a ella le lanzarán los piropos y las miradas vulgares, a mí no, a mí me ignorarán (punto para las planas); solo los verdaderamente ordinarios me lanzan silbidos, pero así le silbarían incluso a un pulpo en minifalda. Por tanto diré que sí, puede que sea fea, pero todo dependerá de la persona a la que le preguntes.

Solo puedo decir, que no cambiaría lo que soy, por las razones que ya he mencionado, bonita o fea, solo llamo la atención de algunas personas selectas, y no cualquiera me molesta ni se me insinúa, y si veo las ventajas sobre las desventajas, la vida se vuelve dulce y mi apariencia física irrelevante. Aún no he tenido un novio, y dudo mucho que tenga admiradores secretos, pero estoy segura que cuando alguien me encuentre atractiva, lo hará porque de verdad gusta de mis pensamientos y sí me encuentra bonita, y eso será suficiente para mí. Incluso si no aparece, yo debo seguir luchando contra mis inseguridades (como sentarme a la par de una chica estilo miss Universo en medio de un montón de universitarios y no morir de la depresión); algún día llegaré a amar este montón de defectos que soy, mientras tanto, sonreiré, porque no tengo la culpa de ser como soy y lucir como luzco. Es la sociedad la que debe cambiar sus ideales absurdos.

Hilo rojo para dos

La eterna enamorada

En el imaginario de mi vida, existe un amor de telenovela, un chico que yo quiero, y que me quiere, pero que mi propia mente se encarga de hacerme creer que no lo hace en realidad. Cada que sueño despierta, sueño con él y que ya estamos algo mayores, porque no pienso que vaya a tener una relación en unos años; y surge un miedo: que me deje, que me olvide, que no luche por mí… Rechazo, rechazo; ya me pasó, y dolió por más de un año. Pero he logrado olvidarle, he logrado superar muchas cosas y a la fecha, me siento más tranquila. Aunque a veces, resurgen los pensamientos negativos. Es más por el ambiente en el que crecemos como mujeres, en el que todas tienen novio, pero yo no; como si fuera una necesidad… Y alguno de estos días tuve un monólogo con ese amor ficticio, de esas confesiones que no se le hacen a cualquiera y simplemente “le abrí mi corazón” (el eterno conflicto hormonal-emocional).

*Suspiro*

“Solamente he tenido un novio en toda mi vida, y en realidad no sé si se le puede considerar eso realmente. A mi edad muchas otras mujeres tienen una vasta experiencia en el campo del amor y saben muy bien cómo miente un hombre; sin embargo de lo muy lista que soy, no sé nada sobre ustedes. Y si yo sé lo qué se siente salir con esa persona que te gusta, si yo conozco el sabor de un beso, si sé la felicidad que existe al tener un poco de cariño humano, es porque lo he buscado. No me lo han dado ni demostrado. Y cuando yo quiero, me entrego con todo lo que tengo. No puedo no hacerlo… Aún no te he contado sobre ese único noviazgo porque había considerado hasta ahora que era una experiencia no grata e innecesaria de recordar, pero ahora te la contaré.

Este chico, desde la primera vez que lo vi me gustó, y me gustó tanto que hice lo impensable para una mujer que ‘se respeta’: me hice la valiente. Desde el principio lo buscaba con la mirada, para ver si entre clases lo encontraba a la distancia, y me gustaba verlo de reojo. Un par de veces sentí la suya en mi hombro, y eso me hizo tomar aire y hablarle. Si fuimos novios fue porque yo se lo insinué, casi se lo pedí. El primer beso lo di yo, porque honestamente no aguantaba las ganas de comerle la boca, y eso pasa y es normal. Y él decía que era bonita. Y al mes me botó, como se bota un cd rayado a la basura, porque me dijo que ya no le gustaba. Desde entonces no había tenido otro amor, ni nadie que se interesase remotamente en mí; me ha costado superarlo, porque lo quise de verdad, porque lo mío no era un juego y por eso salí perdiendo… Desde el primer día perdí, y más que la dignidad, porque ‘un mes no es suficiente tiempo para amar’ según algunos, y por “ser el hombre de la relación” e intimidar a un hombre que me encontraba demasiado grande para siquiera alcanzarme la mano. Sentí que jamás encontraría a alguien que fuera de “mi mismo tamaño”… Pero luego llegaste tú, y hasta hace unos meses no pensaba que fuera posible volver a sentir lo mismo. Y yo volví a sentir eso desde la primera vez que te vi, fue como una segunda vida. Ambos sabemos que esto que tenemos no va por una simple amistad, y por lo mismo puedo ser sincera. Tú no eres al primer hombre al que le hago obsequios, y tampoco vas a ser mi primer beso, ni siquiera sé si dentro de un mes te voy a seguir gustando o me vas a decir que te retiras de la contienda porque simplemente ya no te intereso, porque eso pasa, me pasó y es normal. Pero sí puedo decirte que siempre vas a ser el primero, si no el único, que alguna vez haya hecho un esfuerzo por enamorar a esta pobre alma en soledad. El primero que alguna vez haya tomado la iniciativa de hablarme primero y mostrarse seguro de lo que hacía, el primero que de verdad me encontró atractiva y que el deseo se le reflejaba en la pupila, el primero que me escribió cartas y me buscó incluso cuando no vivía cerca de su casa; el primer hombre heterosexual que me haya dicho que soy hermosa sin hacerlo por compromiso, el primero en hacerme sentir querida, vulnerable, y el primero por el que aprendo a cocinar. El primero por el que agradezco a Dios sinceramente y oro porque llegue con bien a su casa… Siempre serás el primero en luchar por llegar a mi corazón, sin saber que ya estabas ahí, desde el primer instante”.

Yo no quiero un “hombre hormiga”, y tampoco necesito un “domador”. Solo necesito a alguien que esté a mi altura, que no se sienta intimidado y que entienda que soy su costilla, no su pantorrilla; que sepa que no es mi planchador, es mi compañero de vida…

Que el hilo rojo se haga corto, y finalmente pueda conocerte.

“Hoy compré zapatos”

La moda es cosa seria. No sé si es idea mía, pero esto del poder adquisitivo está presente en el diario vivir de todos nosotros. La moda (aunque no nos guste) rige nuestra forma de vestir y presentarnos ante el mundo… Es como un gran “Hola, esta soy yo y pueden juzgarme por la manera en que visto y los artículos que uso”. Cada quien tiene sus gustos, ningún gusto es igual al de otro. La mejor forma de demostrar cuán diferente somos del resto, es a través de nuestra vestimenta, y por esto mismo nos juzgan. Nos ven de pies a cabeza, todo el tiempo. Sociedad…

Pero, ¿por qué digo que la moda nos gobierna? Bueno, es simple. Nos gustan ciertas prendas de vestir, quizá algunas son de antaño y ya no son producidas, y no podemos hacer más que desear que vuelvan a estar de moda para adquirirlas y poder usarlas de nuevo. Entonces, aparecen los fashionistas más reconocidos y declaran ante el mundo que estas prendas vintage son lo in de la temporada, y por lo tanto deben ser usadas. De nuevo. Por orden de los que saben de moda… ¡Muy bien! Ya hemos adquirido eso que tanto anhelábamos, pero pronto acaba. Si seguimos usando estas prendas, definitivamente nuestro guardarropa no está actualizado. ¡Pero aparecen nuevos estilos de prendas básicas, en colores que están de moda, y como está a la moda, debe ser adquirido! Quizás al principio no nos guste, pero debemos acoplarnos a lo que las tiendas de ropa y calzado nos ofrecen, porque ‘es lo que hay’. Compramos, gastamos, y a la vuelta de la esquina, la moda cambió. Y debemos seguir adquiriendo y gastando y… Al final, cuando salimos a la calle, vemos a otras diez personas vistiendo igual que nosotros. Somos robots, y no nos damos cuenta. La gente es voluble, por lo tanto, su pensamiento puede ser cambiado y manipulado a conveniencia de aquellos al poder. Todo es cuestión de mostrar el producto de manera constante, agradable, estilizada y bella, y la gente lo comprará. Se abarrotará ante las tiendas y peleará por adquirirlo antes que el resto y una vez lo tiene en sus manos comenzará a alardear de ello.

No necesariamente tiene que ser ropa y zapatos, también tenemos relojes, perfumes, alhajas, aparatos eléctricos y electrónicos (y todo es de marca, irónicamente), lo último a la vanguardia del milenio, y por supuesto es caro. Sí, somos un planeta completamente sumido en el gasto (muchas veces innecesario), todo gracias a ese verbo que nos posee: “tener”. Y bueno, no tiene nada de malo tener, pero ¿por qué debe ser en exceso? Jamás entenderé a la humanidad y el consumo. Pero claro, no culparé solo a la gente, también están los grandes inversionistas y líderes que creen gobernar el pensamiento de la plebe. Millonarios y empresarios, ¿qué más pueden pedir?

Pero volviendo a la moda, pero por supuesto que es poder adquisitivo, ‘si no es de marca no sirve’, ‘si no es original no sirve’, ¿a caso las cosas de marca son económicas y se adaptan al bolsillo del consumidor promedio? ¡Pamplinas, por supuesto que no! Probablemente el día en que productos Louis Vuitton, Prada o Channel estén a precios sumamente accesibles, o tiendas como Loro Piana o Emporio Armani hagan rebajas o donen ganancias a acciones benéficas, ese día será el apocalipsis.

Mientras tanto, los adolescentes tontos y engreídos siguen sangrando a papi y mami para tener todo lo que quieren, completamente original y de marca. Y claro, papi y mami no se quedan atrás. Es genético, definitivamente.

En un mundo desigual y materialista, donde la crítica al ‘poder adquisitivo’ no hace eco en los oídos sordos de todos los que la promueven, donde hay quienes tienen de sobra y quienes no tienen nada, donde los ricos demuestran que tener es poder, aquí, existo yo. Esperando que un día, todos se den cuenta del terrible error que cometen. Estar ‘a la mode’ no te hace un mejor ser humano, eso jamás. Solo sé tú. Y que tu alma y tu cuerpo no sean de marca.

Ahora te cuento, hoy compré zapatos… porque ya me hacían falta.